OUTSOURCING
Cuando
egresé del Instituto en 1994 todavía guardaba la sagrada idea de
trabajar para una gran compañía en la cual pudiera ejercer mi profesión.
Pero grande fue mi sorpresa, cuando conseguí trabajo en 1995 en una
reconocida empresa de electrodomésticos, donde a pesar de desempeñarme
como asistente de la Gerencia de Mantenimiento de la fábrica, lo iba a
hacer de manera indirecta por medio de una de las tantas cooperativas
subcontratadas que merodeaban por ahí; mini empresas que tenían la
función de brindarles personal.
Dentro
de mi área de trabajo pude apreciar que un grupo de maestros en mecánica
prestaba servicios de matricería dentro de la fábrica, aglutinados en
una razón social distinta. La confección de los moldes se efectuaba en
el taller donde también trabajaban los obreros calificados de la misma
empresa, con la única diferencia que los primeros emitían una factura
una vez concluido el trabajo.
Fue
en ese lugar que caí en cuenta que una compañía podía trabajar
dentro de otra, interactuando en el mismo lugar y al mismo tiempo,
rompiendo un paradigma que había mantenido desde que egresé del
colegio y que mantuve inclusive hasta cuando hube terminado mis estudios
superiores: “la gran empresa todo poderosa y autosuficiente”.
A
principios de los años 90 tuve mi primer acercamiento académico con el
mundo laboral, especialmente en las clases de administración, pero no
recuerdo que se mencionara la posibilidad de trabajar para una empresa
de manera indirecta. Es más, la ambición de todo alumno era la de
pertenecer a una de las más reconocidas firmas de la industria en la
cual uno pudiera emprender una carrera de por vida, hasta ascender a un
portentoso cargo gerencial. Nunca pasó por nuestras mentes el hecho de
trabajar para una empresa pequeña y desconocida que nos ligara a
nuestra ambiciosa meca.
La
crisis económica que sacudió al mundo empresarial a fines de los
noventa también me hizo frente, y al igual que mucha gente, me encontré
en la calle buscando algún tipo de actividad en la que ocupar mi
tiempo. Soso sería contar el vejamen del rechazo, pero tras algunos
intentos fallidos, finalmente tuve la oportunidad de emprender mi propia
empresa con un ex-compañero del instituto.
La
primera interrogante que uno se plantea al poner en marcha un negocio es
si se va a requerir personal para llevar a cabo ciertas actividades o en
todo caso nosotros, como dueños podremos dedicarnos de todas las tareas
involucradas, incluidas las de conserjería, despacho, cobranza,
mensajería y servicio técnico. Evidentemente existe un elemento
oneroso en este asunto, puesto que el hecho de contratar gente involucra
gastar y por ende esto mermaría las ganancias, fin ulterior de toda
empresa. Además se corre el riesgo de dilapidar el capital de inversión
prematuramente y quedar fuera de carrera antes de tiempo.
Debo
admitir que esta incursión me llevo a investigar con curiosidad sobre
temas de administración, lo cual me abrió temerosamente las puertas a
un mundo conceptual que reconozco ignoraba hasta ese momento. Pero, para
mi sorpresa, no fue necesario hurgar dentro de la literatura
especializada para entenderlo; bastaba con ponerme al día leyendo periódicos
de negocios y tratar de entender cómo los grandes grupos económicos
realizan transacciones entre sí.
Es
gracias a este medio, que ante mis ojos desfilaron conceptos nuevos como
“empowerment”, “benchmarking”, “core-business”,
“feedback”, “couch”, etc; todos términos en ingles,
aparentemente alienantes, que encerraban formas nuevas de encaminar un
proyecto. Pero dentro de este grupo de anglicismos apareció uno que
atrajo completamente mi atención: el “outsourcing”.
Este
concepto me hizo caer en cuenta que lo que había apreciado en la
empresa en la cual había trabajado era una de las tantas formas de
trabajar y que no necesariamente un negocio debe hacerlo todo. Hay
tareas o actividades que se pueden delegar o subcontratar a otras
empresas, las cuales se van a desempeñar mejor porque son su fortaleza.
Además, mediante una eficiente coordinación, puede trabajar una dentro
de la otra.
El
negocio llevaba unos dos años en el mercado y había crecido más allá
de lo que dos socios jóvenes e inexpertos podían manejar. La cartera
de clientes había aumentado y se hacía cada vez más arduo alcanzar
los objetivos y al mismo tiempo atender a los clientes de manera
oportuna y a la par de sus expectativas. Evidentemente, los reclamos
aumentaban al mismo tiempo que disminuían las ventas.
A
estas alturas reaparece la otrora disyuntiva de contratar gente para que
cumplan las funciones que no son propias del negocio, especialmente las
de conserjería y despacho. Por otra parte el servicio de post-venta ya
requería de mano de obra calificada para atender los servicios
solicitados por los clientes. Pero, cómo incrementar el personal sin
que esto degenere en un gasto elevado, en desmedro de los intereses de
los dueños, sabiendo que los sobre- costos laborales, como planillas,
impuestos y beneficios, en este país son altos. Además de considerar
que los ratos de ocio del personal se presentarían muy eventualmente y
por ende se generaría un costo por tiempo muerto.
La
solución fue sencilla: aplicar el outsourcing en la empresa. Gracias a
este sistema se convocó personal externo para las tareas que no son
relevantes y solamente en las situaciones en las que fuera estrictamente
necesario. Se contrató a un chofer para los envíos de correspondencia
y documentos, para el despacho de la mercadería y para la cobranza de
las facturas. También se contactó con dos talleres para el suministro
de personal técnico calificado para los servicios en campo, además de
contar con sus instalaciones e infraestructura para las reparaciones..
El
outsourcing, en este caso, nos permitió enfocarnos prolijamente en las
tares relevantes del negocio, como son la administración y las ventas,
y también mejorar la calidad del servicio post-venta. Del mismo modo
evitó que se incurran en gastos por la compra de un vehículo para los
despachos y en invertir en instalaciones y maquinaria para los trabajos
de índole técnico. Simplemente los proveedores nos remiten sus
facturas por los servicios prestados en las cuales incluyen sus gastos
por uso y depreciación.
Con
el outosurcing implementado automáticamente las ventas aumentaron y los
reclamos por el mal servicio disminuyeron. La parte operativa de rutina
de la empresa, que absorbe tiempo y que es improductiva, finalmente fue
delegada a terceros lo que introdujo una nueva dinámica en la empresa
basada en la coordinación.
A
pesar de facilitar los procesos del negocio, el outsourcing no nos eximió
de los problemas operativos, los cuales ahora presentan otro matiz. Los
proveedores que trabajan para la compañía no siempre comparten
nuestras políticas y métodos de trabajo y esto puede generar
fricciones en la relación comercial, tanto con ellos como con los
clientes. El personal sub-contratado es ahora la cara de nuestra empresa
ante los usuarios, pero somos nosotros los que finalmente asumimos el
pasivo de sus errores. Y en estos casos uno puede ganarse el
desprestigio de los clientes, tacha muy difícil de revertir.
La
selección y evaluación son muy importantes para garantizar que la
empresa de servicios ha desarrollado una cultura organizacional acorde
con nuestros estándares y procedimientos. Además el seguimiento debe
ser constante de tal modo que el servicio se haga oportunamente y según
lo planeado, pues una mala coordinación puede tirar por la borda un día
entero de trabajo, en perjuicio de nuestros intereses y de los clientes.
Lidiar con este tipo de situaciones se vuelve el día a día en la
empresa.
El
outsourcing, a pesar de ser un concepto novedoso (al menos para mí) es
una herramienta de gestión muy compleja, puesto que tiene muchas
variantes, que ha sido tratado por autores especializados en el tema a
través de libros y seminarios por todo el mundo, en los cuales se ha
desarrollado con bastante profundidad. Además en Internet pueden
encontrarse numerosos ensayos con el mismo nivel de acuosidad.
Pero
la experiencia me ha enseñado que básicamente se trata de aceptar que no
podemos hacer todo por nosotros mismos, y que necesitamos del servicio de
otras personas que realizan una actividad mejor que nosotros para lo cual se
han especializado. Es un asunto de colaboración y de mutuo beneficio. Un
principio muy básico, con la única diferencia que en el mundo corporativo
se lleva a cabo a gran escala y debemos estar preparados. Además la
tendencia globalizada de estos tiempos nos conduce a ello y sería de necios
volverle la espalda.
Isaac
Espinar Arriola
Diplomado 35
